Cuando se piensa en el desarrollo cognitivo de los jóvenes hay múltiples elementos que se tienen en cuenta, como el entorno educativo, la motivación y las propias habilidades de los estudiantes. En este artículo queremos referirnos de manera específica a la edad como un factor muy relevante en el aprendizaje. Nuestro propósito es dar a conocer algunos argumentos de carácter psicológico que indican que el aprendizaje en la adolescencia, especialmente en los primeros años (11 a 15 años aprox.), marca en buena medida los intereses futuros de los jóvenes, pues está ligado con la construcción de su identidad.

Las edades entre los 11 y los 14 años constituyen un período de transición de la niñez a la adultez y se sitúan en el paso de la educación primaria a la educación secundaria. En esta etapa, todas las personas experimentamos cambios de tipo físico y emocional relevantes. Una característica muy significativa, propia de estas edades, es el paso de estructuras mentales concretas a otras más abstractas, es decir que pasamos de entender la realidad desde el presente inmediato y las propiedades observables de los que nos rodea, a empezar a considerar escenarios posibles y no observables (Nieda y Macedo, 1997).

Además de los cambios cognitivos y emocionales, los adolescentes entre la primera y la adolescencia media experimentan cambios en el entorno social y educativo que los rodea: “A los 12 años, la mayoría de los niños estará comenzando la educación Secundaria, lo que en muchos casos significa la entrada en el instituto y la necesidad de adaptarse a los cambios que conlleva. Esta nueva rutina no sólo les obliga a enfrentarse a otra manera de aprender y estudiar, sino que les va a exigir ser capaces de planificar y organizar su tiempo de una forma totalmente distinta. A partir de 2º de la ESO, los chavales estarán empezando a tomar decisiones sobre el itinerario formativo que desean seguir, algo para lo que es fundamental conocerse y que determinará de forma decisiva su futuro” (entrevista a Beatriz Quiroga en ABC.es, 2017).

De hecho, según el filósofo y pedagogo José Antonio Marina “los últimos descubrimientos de la neurociencia (…) hablan de que hacia los 13 años se realiza un nuevo y completo rediseño del cerebro. Es una segunda oportunidad de aprendizaje que tenemos que aprovechar para explicar a los adolescentes que tienen que sacarse el carnet de conducir de su nuevo producto, que es el momento de decidir sobre su personalidad” (entrevista a José Antonio Marina en ABC.es, 2015).

En pocas palabras, puede decirse que en esta etapa de primera adolescencia los jóvenes emplean sus habilidades cognitivas (y su desarrollo cerebral) para trazar sus primeras metas y explorar sus aptitudes y vocaciones. Toda experiencia de aprendizaje en la adolescencia, entonces, les servirá para enriquecer y potenciar su construcción propia, la definición de su personalidad y la estructuración de su plan de vida.

 

*Este artículo resume ideas de (1) Juana Nieda y Beatriz Macedo, (2) Beatriz Quiroga y (3) José Antonio Marina, y agradece a estos autores; no pretende ser una construcción científica, sino informar las ventajas del aprendizaje en la adolescencia.